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Repercusiones de la Corrupción sobre la Salud Integral

PUNTO DE VISTA – Por el Dr. David Arce

Séneca decía: “Si ves a una persona en grave peligro de morir y no haces nada para salvarlo, lo estás matando”

Durante las últimas semanas, antes de que empezara el Fenómeno del Niño, veníamos escuchando insistentemente sobre la megacorrupción montada por Marcelo Odebrecht en varios países de América. Y tanto ha hundido sus tentáculos en nuestra clase política dirigencial, que está completamente desprestigiada la labor de hacer política, y varios fiscales están investigando a todos los últimos expresidentes del Perú, sus colaboradores más cercanos, y familiares, en busca de indicios de corrupción.
Los abogados con sus recursos papelísticos sacados de la manga como aquellos magos que sacan conejos y cada cosa de sus sombreros, defienden en forma terca lo que la mayoría de peruanos ya sabemos: que existe corrupción en el Estado, pero por los resquicios que brinda la Ley, la mayoría salen bien librados.

Desde que tengo uso de razón, salvando quizás Belaunde Terry, el Palacio de Gobierno (y la Municipalidad de Lima, y similares) se han convertido en un Palacio mágico: Entra por una puerta el pobre abogado sin título de doctor, el ingeniero Rector de una Universidad, un cholo como nosotros, que se ciñó la vincha de Pachacutec, un soldado con rango de oficial con su esposa de mendiga a princesa, y pareciera que durante los cinco años que demora el período presidencial, fuerzas extrañas empiezan a chocolatear a Palacio de Gobierno y alrededores, hasta que al fin, por la misma puerta por la que entraron pobres, después de cinco años salen ricos. ¿Qué más prueba lógica necesitan los jueces para demostrar el enriquecimiento que produce el pasar por palacio de Gobierno?

¿Y cómo lo hacen? ¿Cuál es el negocio? ¡Sepa usted!
Algunos quieren dar excusas de que dan cátedras millonarias en ciudades extranjeras, otros que recibieron dinero del holocausto, del partido político, el pobre chinito del tractor pudo educar a todos sus hijos en el extranjero con dinero de la esposa, y ahora sin trabajar son ricos y tienen propiedades. Este giro mágico hace que estas personas se queden con dinero que les corresponde a todos los peruanos que tributan para que se mejoren las vías de comunicación e integración de nuestro país que es una mezcla de muchas sangres.

Construyen trenes eléctricos sobrevalorados, vías expresas, by-passes, licitan administración de aeropuertos, playas de estacionamiento, construyen puentes, carreteras, y aún con precios sobrevalorados, todos quieren compartir del botín, resultando que hasta el último peón se le ocurre gastar menos cemento, menos asfalto, menos fierro.

Y cuando vienen las desgracias, que no vienen solas, deshacen los puentes de papel, las carreteras delgadas arrastradas por los ríos y huaycos, inundan urbanizaciones enteras que para salir de ellas los pobladores usan botes inflables. Las regiones de Piura y Tumbes han estado sufriendo los embates de la naturaleza desde hace 40 días aproximadamente, y recién cuando los huaycos llegan cerca a Lima, colapsando el sistema de agua potable, quedándonos unos cuantos días sin agua, recién las personas tomamos conciencia de que estamos viviendo una situación grave, pero la de los piuranos es peor, pero como viven lejos no nos hemos podido dar cuenta que no tienen agua potable hace varias semanas.

Todas estas imágenes que vemos sentados tranquilamente detrás del televisor, son imágenes desgarradoras, llenas de sufrimiento, que invitan a la Solidaridad. Los distintos mensajes alarmistas que son enviados a través de las redes sociales. La elevación artificial de precios, el acaparamiento de alimentos, los amagos de saqueo, dejan a la población en general en una especie de shock, pánico, ansiedad, desesperación, sentimientos de desesperanza, que resienten su maltratada salud física.

Y todos los muertos a consecuencia del Fenómeno del Niño, ya sea por ahogamiento de un huayco, caída de un puente, o por aislamientos de ciudades, tienen responsables directos: son aquellos que en vez de utilizar de buena fe los dineros públicos en la construcción de una buena red vial, se embolsicaron el erario nacional, se conchabaron con los de Odebrecht para la repartija. No los mataron los huaycos, los mataron los corruptos.

Pero ante tanta adversidad, mi abuela Mercedes decía: para algo suceden las cosas malas y ahora más que nunca creo que estamos a prueba para juntarnos todos, apoyar a los damnificados, y colocar el hombro para la reconstrucción del Nuevo Perú. Esta vez, con resiliencia, con esperanza y sin corrupción.

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