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Estrés Post Traumático por inundación

“Se sale el río, se sale el río, decían las voces desesperadas de las vecinas, cada vez más cerca, creo que eran más de las ocho de la noche y yo recién me estaba bañando porque había salido a jugar con mis amigas. Se sale el río, se sale el río, vino a decirme a mi tía y apenas pude ponerme mi ropa y salí con mis baldes y escobas a tratar de detener las aguas del río que venían por en medio de la calle, en el Jr. Trujillo, de El Rímac.”

Así relataba los momentos de susto que pasó el 31 de enero de comienzos de año, Lili, una adolescente de 14 años, abriendo sus ojos, mirando para ambos lados. Antes de que empezara a contar lo anterior, ella había permanecido callada mientras la madre contaba lo que había sucedido a ella..

“Yo también he sufrido el fenómeno del niño en los años 83 y 97, justo en el año 83 mis padres que en paz descansen me enviaron a estudiar a Lima y tuve que hacer varios trasbordos en toda la Panamericana Norte, y un viaje que normalmente demoraba 16 horas, en ese tiempo lo hicimos como en una semana. Yo llegué a Lima con mi hermana mayor, todas embarradas, con hambre, con sed, sin poder lavarnos, y sin maletas. En una de las tantas quebradas en que los pasadores nos ayudaban a cruzar, se fueron nuestras maletas, llegamos a Lima tal y como estábamos”.

La madre había llegado el viernes de la semana pasada con una Hoja de referencia con fecha para cita para el mes de junio. Me pidió una cita adelantada y le dije que podría venir el lunes con su hija Lili que parecía como perdida.

“Se sale el río, se sale el río, me despertaban las voces en el sueño, y yo empezaba a gritar despertando a mi mamá y a todos los vecinos, empezaba a sudar, el corazón se me salía del pecho, y luego no me acuerdo”

“Ella era una chica normal, el año pasado me trajo diploma, lo pasamos bien, esa noche de la salida del río, yo recién llegaba de trabajar y vi que todos los vecinos estaban llenando sacos de arena, agarrando sus lampas, sus escobas, sus baldes todos gritaban, diciendo que no dejaran que el río se metiera dentro de las casas, porque todas son de adobe, pronto se remojarían y se caerían”.

Al llegar Lili con su madre el lunes a la consulta, ésta se deshizo en agradecimientos por haber adelantado la cita, y empezó a decir, nos han enviado para acá porque me han dicho que aquí nos las pueden curar, mírela, así se pone la mayor parte del tiempo, anda como zonza, mirando las telarañas de los techos, por momentos suspira, me agarra con fuerza las manos y llora sin llanto, solamente abre desmesuradamente los ojos y se le salen las lágrimas. No quiere hablar lo que le pasa en ese momento, pero después cuando estamos solas me abraza y me dice que me quiere, que no quiere que nada malo me pase.

“Yo veo con claridad cuando se viene el río por la calle, escucho las voces de las personas asustadas, unas llamando a mis amigas, otras diciendo que siguieran ayudando, veo a las personas queriendo desaguar las aguas con baldes, con escobas, yo tratando de ayudar en lo que pueda, recién bañada y nuevamente sucia con barro espeso. Pero en mis sueños veo que el río se sale, inunda mi casa, y que nos revuelca el agua y con las justas logro aferrarme a un barril para flotar, es en esos momentos en que me despierto gritando que se sale el río y me baño en sudor y se me quiere salir el corazón por la boca, me tiemblan las manos, y luego siento el silencio”.

Durante la primera semana estuvimos muy asustadas, todas las noches pensábamos que el río Huaycoloro se iba a desbordar y llegar hasta nuestras casas, entonces un hermano que vive en Villa el Salvador nos dijo para ir a vivir a su casa y para allá nos fuimos. Pero igual mi hijita seguía como zombie, no hablaba, no reía, parecía como si no fuera mi hija, así como la he traído hasta hoy, así sigue. Tengo miedo de que se me quede así, como loca. No quiere hacer nada, si no le digo que se bañe, no se baña. Ni duerme todas las noches.

“No sé de dónde me viene el miedo, puedo estar en cualquier parte, en cualquier hora del día, y las imágenes de las personas gritando se me vienen y todo vuelve a suceder, en esos momentos me parece que no fuera real lo que estuviera sucediendo y el miedo parece que nunca fuera a terminar”.

Mientras estuvo la madre en el consultorio contando lo que le pasaba a Lili, la menor no decía nada, solamente miraba como extrañada y parecía que ni siquiera escuchara lo que contaba la madre. Fue entonces que le dije a la madre que quería entrevistar a solas a Lili.

Apenas salió la madre, Lili rompió a llorar desconsoladamente, las lágrimas parecían brotar de una fuente inagotable, hasta que poco a poco fue calmándose, luego a sollozar, y después de un rato empezó a contar lo que le había pasado durante el desborde del río Huaycoloro la noche del 31 de enero.

Cuando hago pasar a la madre, le digo que soy de la opinión que sería conveniente hospitalizar a la menor, pero ante la negativa de la menor y de la madre, le doy tratamiento para una semana y cita para verla pronto.

Pienso que Lili es solamente una de las muchísimas víctimas de este desastre natural llamado Fenómeno del Niño costero, y que dentro de un tiempo se recuperará, como se recuperarán todos los afectados por estas inundaciones.

Es tiempo de Solidaridad para con nuestros hermanos que sufren.

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