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Una gata bajo la tormenta

Hellen es una chica elástica, con su caminar felino se desliza hacia la silla del consultorio donde se deposita suavemente, se acurruca y bosteza. Un poco antes ha tocado la puerta como si hubiera utilizado algodones en los nudillos.

Estira sus brazos un par de veces, abre sus enormes ojos verdes, y empieza a contarme sobre sus estudios y sus logros en la Universidad.

“Creo que soy la menor de todos, tengo 24 años y ya voy a terminar mi carrera de Química en la UNI, hay un profesor que me quiere sacar canas verdes pero no puede. Otro de mis compañeros me ha pedido que sea su novia y como usted sabe, yo todavía no quiero pensar en eso porque primero quiero terminar la carrera que tanto me ha costado llevar”.

Esta vez lleva puesta una chompa de lana gris, con algunas cintas que acaban en agujetas de madera, también lleva puesta una gorra de lana. Mueve constantemente su mano derecha, pero la izquierda la mantiene inmóvil.

Termina de contarme cómo le va en su casa, y como todo va bien, le doy cita para dentro de tres meses, solamente para control, y que siga tomando su medicación en la forma indicada.

Hace ocho años, cuando apenas cumplía 16 años, era una Hellen diferente, vino asustada y también molesta. Molesta consigo misma, con su familia, y con todo el mundo. Desconfiaba de todo y de todos.

Ella acababa de terminar su educación secundaria y al final del año escolar su rendimiento bajó, y de ser extrovertida, empezó a recluirse en su casa y a no salir. Se puso pálida. Y cuando ya no pudo más, se cortó la muñeca izquierda, tan profundamente que comprometió los tendones que no pudieron ser bien reparados, quedándole la mano en garra.

Menos mal que su hermana menor la encontró en forma casual en su cuarto desangrándose. Dio aviso a sus padres, quienes la llevaron de urgencia al hospital.

Los primeros días estaba silenciosa y desconfiada, miraba hacia ambos lados asustada, hasta que una vez la escuchamos hablar molesta, dirigiéndose a alguien que aparentemente estaba en la sala.

Los padres dijeron que semanas antes de que se cortara, había cambiado su carácter, que no obedecía y que se había vuelto respondona, y que prefería encerrarse en su cuarto.

El día que habló, lloró desconsoladamente. Dijo que primero había pensado que sus compañeros de estudios hablaban mal de ella, luego que también los vecinos y al final los familiares y los padres. Dijo que después escuchaba voces, como si fuera la voz de ella, que por ratos le decían cosas horribles, como que vaya a la cocina, tomara los cuchillos más grandes y que matara a sus padres que estaban hablando mal de ella. Luego escuchaba otra voz, como si fuera la de un ángel bueno, que le decía, cómo vas a hacer eso, si ellos te han criado, te han alimentado y te han cuidado toda la vida, y además te aman.

En ese tiempo empezó la medicación y ninguna disminuía los síntomas, se probó de todo y hasta se pensó en Terapia electroconvulsiva que no contaba el Hospital, hasta que los padres aceptaron probar con clozapina, un medicamento que se utiliza para las esquizofrenias que son refractarias y que no responden a los demás medicamentos. Mejoró muchísimo, tanto, que logró ingresar a la Universidad en los primeros puestos, aun tomando la medicación.

Lo que nunca dejó de escuchar fueron las voces. Pero logró identificarlas como no reales y gracias a la psicoterapia llegó a convivir con ellas.

Es por eso que cuando actualmente viene a consulta ya no hablamos de las voces porque sabemos que las sigue escuchando. Muy raramente hablamos de sus voces, solamente

cuando ella empieza a manifestar que la molestan mucho. Pero si está tranquila, hablamos de otras cosas que le están interesando por el momento.

La penúltima vez que vino a consulta deslizó la posibilidad de tener hijos, pero cuando le pregunté si ya tenía novio, cambió de tema, no sin antes decir que me estaba preguntando por curiosidad, qué pasaría si…

Sus padres están contentos con la recuperación de Hellen, y recuerdan borrosos los tiempos en que estuvo desaseada y casi desconocida para ellos.

Yo también estoy contento por la forma en que Hellen ha decidido hacerse cargo del rumbo de su vida

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