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Gerardo es un niño de 8 años de edad que es traído a consulta por ambos padres. Ingresan los tres y ninguno de ellos quiere hablar, se miran y lloran. Luego de un momento le digo a Gerardo que nos espere sentado frente al consultorio con la puerta abierta que necesito hablar con sus papás.

Ya han venido la semana pasada, sospechando de violación o de tocamientos indebidos por persona adulta en el menor. Al realizar la historia, dijimos que era muy improbable que una persona lo haya tocado, que más bien nos parecía un Trastorno obsesivo compulsivo.

“Está peor, doctor, ahora ya no quiere ir al colegio, tiene dificultades para dormir y a cada rato nos está preguntando si es homosexual, porque apenas ve la figura de un varón atractivo en una revista o si dice que le gusta uno de sus compañeritos, se pone a preguntar si será homosexual, y sigue y sigue preguntando hasta que le respondamos que no, pero aun si les respondemos que no, nos vuelve a preguntar. La vez pasada nos dijo que su profesor de música pasó por detrás de el en plena clase y ´Gerardo ya se está imaginando que el profesor lo ha penetrado. Se pone a llorar y no deja de llorar. Antes se despertaba en plena madrugada llorando y diciendo que había visto a un hombre que violaba a su mamá y despertaba a todos en la casa. También dejó de bañarse, no quiere asearse solo ni que yo que soy su madre lo bañe. Ha dejado de ir a misa porque le vienen imágenes terribles en la iglesia, dice que en su imaginación, Jesucristo se baja, así calato como está y se pone a hacerle cosas que no las puede explicar, a la Virgen María.”

La madre se pone a llorar mientras el padre trata de consolarla, ya ves, le dice, en Medicina legal también nos han dicho que Gerardo no tiene nada, que nadie le ha hecho daño ni le ha metido nada en su potito. La madre se desespera y sigue llorando durante la consulta, le digo que todavía tenemos una semana de tratamiento farmacológico y que debemos esperar un par de semanas más para ver el efecto de los medicamentos. Le pregunto si ella está tomando medicación y me dice que sí, que está con un psiquiatra de adultos pero que ha dejado de ir porque se encuentra preocupada por lo que le sucede a su niño. Le digo que es necesario que reanude sus consultas porque mejorando ella, también mejorará su hijo.

El padre dice que Gerardo está así hace cuatro semanas, que un día vino del colegio y dijo que lo habían rozado, y que después se puso a llorar solo en la casa y que no podía explicar lo que le estaba sucediendo, luego se despertaba en las madrugadas y que últimamente sus pensamientos no lo dejaban en paz, que ya no quiere ir al colegio.

Les pregunto si creen que Gerardo es víctima de Bullying en el colegio y me responden que no saben. También les pregunto si existe violencia familiar y me dicen lo normal, doctor. Les pregunto qué consideran normal. Lo que normalmente peleamos, discutimos, y a veces nos gritamos, ya sea por celos, motivos económicos o solamente por cuestiones de la casa. Les digo que lo más saludable, por más problemas que tengan, lo mejor es conversar sobre los problemas entre ellos, lejos de la presencia de los hijos. Entonces ellos se miran y dicen con razón ahora se le ha dado por insultar a su mamá con palabras que nunca le habíamos escuchado.

El padre, en actitud de querer contarnos un secreto, me dice en voz baja, doctor, antes de que entre Gerardo, quiero preguntarle si ¿el hecho de que mi hijito se haya despertado a media noche y nos haya encontrado haciendo el amor, le haya desencadenado esta enfermedad que ahora tiene? Aunque realmente no sabemos a ciencia cierta si estaba despierto o dormido, porque a veces sufre de sonambulismos. Pero desde ese día empezó con sus pensamientos y a llorar de la nada. Cada día se ha puesto peor y hoy que lo traemos nos parece que está peor que nunca. Les digo que es una probabilidad pero que ahora es necesario ocuparnos de

Gerardo y sus pensamientos. Le hago una seña con la mano y Gerardo se acerca al consultorio.

“No estoy seguro de lo que me pasa, los pensamientos vienen y se meten en mi cabeza y no quieren salir, antes eran pocos, pero ahora son un montón y están rebotando durante más tiempo. Antes era solamente en la casa, luego en el colegio, y ahora están en todo sitio, y no solamente son pensamientos malos, también son imágenes horribles que no se las puedo decir doctor. Tampoco quiero ir al colegio, dice Gerardo”

Me tomo el tiempo necesario para explicarle a Gerardo lo que le está sucediendo, ya se le ha tomado la tomografía cerebral que está normal, al igual que otros exámenes auxiliares, y en su lenguaje le explico que los medicamentos tardarán un tiempo en hacer efecto, que es mucho mejor cuando empezamos el tratamiento lo más antes posible y cuando decimos todo lo que nos está pasando aun cuando nos parezca aborrecible. Y que yo también estoy de acuerdo con que no vaya al colegio. Le doy un certificado médico y le digo que descanse en su casa y que se ponga a jugar y a hacer lo que más le gusta. Que la próxima semana nos veremos. Le doy la mano, y se va más tranquilo, acompañado de sus padres.

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