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Lo martes son días de fiesta. Yo, al igual que muchos de los jóvenes que acuden a Terapia, esperamos con ansias a que venga el próximo mártes para reencontrarnos y aprender sobre nuestras emociones básicas, sobre nuestra autoestima y nuestras interrelaciones con los demás y especialmente con nosotros mismos.

Desde temprano por la mañana los médicos residentes ya están conversando sobre cómo vamos a hacer las Terapias, qué tema, sobre qué emoción vamos a tratar y a medida que va transcurriendo el tiempo y va llegando la hora de la Terapia, empezamos a colocar las sillas en su debida disposición. Varios de los jóvenes acuden con sus padres. Casi todos los padres quieren permanecer durante la Terapia y les tenemos que decir que solamente participarán los jóvenes. Muy a su pesar se retiran. El número de jóvenes varía entre 8 a 12.

A las dos en punto se cierra la puerta y empezamos.

Al inicio damos las reglas principales del Grupo y luego nos presentamos cada uno de nosotros. A veces hay jóvenes con memoria prodigiosa que recuerdan los nombres de cada uno de los participantes.

Les recordamos que cada uno de ellos puede participar levantando la mano apenas termine el anterior, que todos los celulares estarán apagados para evitar distracciones, así como distracciones entre ellos mismos, y lo más importante, que les da seguridad para poder expresar lo que piensan y lo que sienten, es que todo lo que hablen allí, quedará entre nosotros, que todos nos comprometeremos a no divulgar los secretos de los demás.

A veces, se empieza con un silencio casi sepulcral, hasta que alguien se anima a hablar de lo que siente y todos los demás empiezan a levantar la mano para opinar sobre el mismo tema y cómo le afecta lo que están hablando los demás, porque son temas comunes, que a la mayoría les ha pasado.

En muchas Terapias todos los jóvenes participan, hay algunos pocos que cuando vienen por primera vez, demoran en expresar lo que piensan y lo que sienten.

Empezamos a hablar sobre las emociones básicas: amor o afecto, alegría, que son emociones muy agradables, pero también hablamos sobre el miedo o temor, la cólera o ira, y la pena o tristeza. Les explicamos que todas estas emociones son básicas para sobrevivir y se asombran cuando constatan que ninguna persona podría vivir sin el miedo. Que el miedo es necesario para la sobrevivencia de la persona como de la especie. Que una persona sin miedo tendría muchas probabilidades de morir porque no tendría miedo al cruzar la calle con los ojos cerrados, no tendría miedo de tocar cables eléctricos, que le daría curiosidad tirarse de lo alto de un edificio, simplemente por la ausencia del miedo.

También hablamos sobre el amor que es necesario para que la madre cuide al ser humano que durante mucho tiempo, a diferencia de otras especies de seres, es necesario el cuidado, al alimento, el abrigo y la protección. Que es difícil que un niño sobreviva sin el cuidado necesario.

Conversamos sobre la alegría como necesidad para sobrevivir, que con la ausencia de la alegría veríamos un mundo y un futuro sombrío, y no podríamos disfrutar de cada momento que vivimos, de cada amanecer.

A veces preguntan cómo es que la ausencia de la ira nos puede llevar a la muerte. Que es necesaria esta emoción para sobrevivir, sin ira no podríamos enfrentarnos ante los peligros de la naturaleza y no estaríamos en condiciones de luchar contra un oso que nos amenaza a nosotros y a nuestra familia o luchar contra una serpiente venenosa estando en peligro.

Lo que más preguntan es sobre la tristeza, y como es que la tristeza es necesaria para sobrevivir. Cuando perdemos algo o alguien es natural y saludable sentirse triste. No es señal

de debilidad demostrar que estamos tristes y más bien que una de las consecuencias de sentirse triste es llorar, que muchas personas todavía creen que llorar es un signo de debilidad, que les dicen a sus hijos que los hombres no lloran y que de grandes van a ser maricones, al igual dicen, en forma equivocada, que las niñas educadas no deberían reírse demasiado porque de grandes pueden volverse de la vida alegre. Cuando estamos tristes, lloramos y luego se nos pasa la tristeza, no expresarla equivale a aguantarse y con el tiempo podría hacerse una tristeza crónica que inclusive podría constituirse en una enfermedad, como es la depresión, que sí lleva a la muerte.

Luego de que todos los jóvenes han participado realizamos un juego, y los chicos quieren seguir jugando que no quieren terminar la Terapia.

Al final terminamos, sudados, felices y contentos. En espera del próximo martes para la nueva Terapia de Grupo y que el Amor lo puede todo.

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