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¿POR QUÉ A MI?

José Daniel es un paciente de 12 años de edad, que cambió su conducta desde hace dos años: dejó de dormir, no le interesaba el colegio, dormía casi todo el día todos los días, empezó a decir palabras soeces, no se bañaba ni cuidaba de su aspecto ni de su cuarto. Luego empezó a decir que escuchaba voces que le decían que golpeara a su madre. Y él les respondía que no, y se golpeaba así mismo.

Entonces empezó el peregrinar de Helena y José, los padres de José Daniel, yendo a diferentes médicos particulares y diferentes hospitales. José Daniel ha estado internado en varios hospitales y clínicas de Lima, ha tenido varios esquemas terapéuticos. Y en esta última hospitalización al entrevistarme con ellos me preguntaron por el diagnóstico de José Daniel.

Les dije que José Daniel tiene una esquizofrenia de inicio muy temprano. Les expliqué las características de la esquizofrenia, y los distintos síntomas que tenía José Daniel, y que además era resistente a muchos de los medicamentos, por lo que optamos por usar clozapina, que es un medicamento muy usado en pacientes con esquizofrenia resistente y mejora el pronóstico.

¿Por qué a mí?, balbuceó Helena y rompió a llorar.

En cambio José, endureció su rostro, dijo que no estaba de acuerdo con el diagnóstico, que no estaba de acuerdo con el alta, porque él lo veía igual que al ingreso. Le dije que había mejorado, que ya no estaba agresivo como al comienzo, que acataba las indicaciones, comprendía lo que se le decía y que durante la última semana no había sido necesario utilizar medicación condicional.

Ante la visible molestia del padre del paciente, les expliqué que habíamos realizado una Historia clínica minuciosa, y varias reuniones clínicas donde estábamos de acuerdo con los médicos de otros hospitales que habían examinado a José Daniel.

Entonces, sorprendidos, dijeron que era la primera vez que les daban el diagnóstico. Volví a decirles que habíamos realizado una Historia clínica muy detallada y que entre los documentos que ellos habían traído tenían un Informe donde decía tal diagnóstico y que además ya en otro hospital le habían dado clozapina a José Daniel.

José es un hombre de 44 años, de profesión médico, que trabaja en minas, fuera de Lima, y que aprovecha su tiempo libre para tener otro trabajo en Chincha. Cada vez que ha visitado a José Daniel, ha estado un rato, se ha sentado junto a su cama, y no le hemos visto manifestaciones de afecto hacia su hijo. Helena es contadora, trabaja en forma independiente, bastante cariñosa con su hijo y siempre puntual ante las citas. Se le nota cansada y lábil emocional. Y es comprensible. porque además cuida a una hija con parálisis cerebral de 09 años de edad.

Les expliqué que la estancia usual en el Hospital Almenara es entre 10 a 15 días, que el resto de la recuperación se realiza en sus casas, con mejores resultados ante el cuidado y cariño de los familiares.

Cuando los padres de José Daniel se retiraron con una cita para dentro de una semana para control, me quedé pensando en las palabras de la madre y en el hondo significado que tienen para ella y para todos aquellos que han pasado por una situación dolorosa.

Es muy difícil aceptar enfermedades con mal pronóstico, especialmente cuando en algunas de ellas, los médicos no tenemos la cura, como en muchos casos de cáncer por ejemplo. O en trastornos crónicos como los problemas mentales. Y menos cuando se trata de un niño. “¿Por qué a mí? ¿Por qué tuvo que pasarnos a nosotros? Nosotros somos personas que no somos malas, honestas, no le hacemos daño a nadie. Y menos mis hijos que son pequeños todavía y

que ni siquiera saben lo que es la vida. Ellos no tienen la culpa de nada. En caso de que nosotros hayamos obrado mal, deberíamos ser nosotros los que nos enfermemos, no ellos.”

Les explico que cualquiera de nosotros podemos sufrir de cualquier enfermedad o accidente sin que ello signifique que es una maldición o un castigo sobrenatural, que de toda la población mundial, existe un porcentaje que se enferma de algo y que algunos están más propensos que otros, que lo importante es seguir luchando para enfrentar el día a día. Que no sabemos lo que nos depara el destino. Que la condición principal para empezar la recuperación de cualquier enfermedad es darnos cuenta de lo que nos pasó o nos está pasando y empezar a aceptar que estamos enfermos y que necesitamos ayuda. La fe y la esperanza son lo último que se pierden.

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