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Ácora es un pueblo a más de 3800 m.s.n.m. junto al lago Titicaca, aproximadamente a una hora y media de Juliaca. Es verano y hace frío. Dicen que en invierno hace más frío todavía. Para nosotros que llegamos de la costa, nos es difícil respirar. Tenemos que descansar cada cierto tramo, al caminar.

En Ácora encontramos a Larama, una mujer de 48 años de edad y a Ricardo, su esposo. Viven solos. Al comienzo Ricardo nos recibe con el ceño fruncido, estirando la mano tiesa, fría. Me dice: “A mi esposa Larama, ya la ha visto el neurólogo de Arequipa y le ha dicho que no tiene nada, le han sacado tomografías y análisis, que todos esos dolores de cabeza y punzadas que siente en el cuerpo se deben a la menopausia. Ella viajó a Arequipa, a fines de setiembre del año pasado para hacerse ver del médico y estando allá, se enteró que nuestro hijo Erick de 25 años de edad, se había suicidado en Puno. Él nos ha dejado a Juanito, un nietecito que criamos y que ahora tiene 07 años. Su mamá quiere que nuestro nieto viva con nosotros porque ya se ha acostumbrado y además porque ella ya quiere rehacer su vida. Nosotros no entendemos porqué lo hizo, solamente nos contaron que lo habían encontrado colgado de una viga con una de sus corbatas y sin ninguna nota, ni ninguna forma de despedirse de nosotros. Mi hijo Erick tuvo un accidente a los tres años de edad cuando estaba caminando y mi esposa estaba friendo papas en una cocina eléctrica, eran las siete de la mañana y yo estaba por salir a trabajar cuando escuché el llanto de mi hijo y tenía el cuero cabelludo quemado, hasta se le prendió fuego en el cabello. Al toque le echamos agua y lo llevamos al hospital. Allí lo curaron con gasas y cremas, y al día siguiente amaneció con toda la cara hinchada y nos dijeron que tenía quemaduras de tercer grado. Se quedó hospitalizado casi tres meses, le hicieron curaciones y trasplantes y nos dijeron que cuando creciera, a los dieciséis años le iban a hacer otros trasplantes definitivos. Mi hijito usaba una peluca y lo molestaban en el colegio. Y él siempre nos preguntaba cuándo lo íbamos a llevar a operar, hasta que a los 16 años se acompañó y tuvo su hijito que ahora tiene 7 años y se llama Juanito. Será por nuestro descuido, pero cuando ya decidimos llevarlo al Seguro social a que lo operaran, nos dijeron que su seguro ya había caducado a los 18 años. Entonces, para que volviera a tener seguro, le buscamos trabajo como cocinero, porque le gustaba cocinar y quería ser chef. Y en su trabajo no duró ni una semana, le reclamaron que porqué tenía el cabello largo, cuando las normas eran que todos los que trabajaban en cocina debían llevar el cabello corto. No dijimos nada y dejó de trabajar, porque sentía vergüenza de no tener cabello y usar peluca. Con mi esposa quedamos en ayudarlo. Se fue a Puno a estudiar y con nosotros se quedó su esposa y Juanito. El 28 de setiembre lo encontraron muerto en el cuarto que arrendaba en Puno y a fines del año pasado hubiera terminado su carrera para ser Chef. Ya le faltaba poco para terminar. No entendemos porqué lo hizo. Le hicieron la necropsia, nos llamaron a declarar y realizamos muchos gastos para traerlo a enterrar en Ácora.”

En ese momento, Larama, que estaba sentada escuchando a su esposo, rompe a llorar en forma incontenible.

Luego de un rato, empieza a decir palabras que no se entienden: “No sé qué me pasa doctor, ya desde antes de setiembre, me dolía la cabeza, me ardía todo el cuerpo y se me adormecía la cara, es por eso que me fui a Arequipa a verme con el médico. Creo que si yo no hubiera viajado, no le hubiera pasado nada a nuestro hijo. Es un dolor muy grande el perder a un hijo, no existen palabras para explicarlo, solamente otra madre que ha pasado por el mismo trance que nosotros nos podrá comprender. Nosotros sabíamos que estaba sano, que no sufría de nada, y ni siquiera pudimos despedirnos de él, ni escuchar su voz, ni nada. Pienso que en cualquier momento se va a aparecer en la casa, diciendo qué hay para cocinar mamá, y yo que

le contesto: en la cocina hay mucho para cocinar, y me doy cuenta de que él ya no está más. Ni lo veremos nunca más. Yo no quise verlo en el ataúd. Solamente me quiero quedar con el recuerdo que tengo de él. Lo único que me da fortaleza es mi Dios, que nunca me abandonará” Larama suspira y vuelve a llorar.

Hablo con Ricardo y con Larama, y les digo que por el momento están viviendo un duelo. Que es muy doloroso, pero que no se puede evitar vivirlo. También les digo que por ahora no les voy a indicar medicación, que dentro de un par de meses los visitaré y volveré a evaluarlos.

De regreso a Juliaca, pregunto al chofer qué significa Larama, y me dice que en la lengua Aimara, significa Azul, como el color del lago Titicaca.

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