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La niña superdotada II 

“Mi papá no me entendía, mucho me mandaba, nunca me daba razones, cuando yo le preguntaba por las razones de sus órdenes, solamente me decía que yo debía obedecer porque él es mi papá y yo tenía que obedecerle, sin dudas ni murmuraciones, parecía militar. Me arruinó mi niñez, me puso en un colegio primario que decían que era preuniversitario, me obligaba a socializar con otras chicas, cuando a mí me gustaba estar a solas, leyendo algún libro y no me importaba que hablaran detrás de mí, diciendo que era una chica extraña.  

A mí no me gusta conversar con las niñas de mi edad, siempre me hablan de cosas banales, de la televisión, de los programas de moda y yo esas cosas no entiendo. Él era profesor y cuando se enfermó se puso insoportable, primero empezó gritando en la casa cuando él era tranquilo, entonces yo iba con mucho miedo a mi habitación a abrazar a mi perrita, luego se le ocurrió que no debería tener mascota, y un día que regresé de la escuela me enteré que la había llevado a la veterinaria, me dijo María Salomé, la niña superdotada. Desde entonces lo odié para siempre. 

Le salió un tumor en el cerebro y en un año falleció. Me echaba la culpa de que se había enfermado porque yo la hacía renegar y porque no me esforzaba para ser la primera de la clase. Yo seguía con cólera, es por eso que no me dio pena su muerte. Todas las psicólogas achacaban mi conducta oposicionista al fallecimiento de mi padre, pero en realidad era porque pienso que las personas debemos actuar de acuerdo a lo que hablamos, y que si nadie mintiera, nos ahorraríamos muchos problemas. Aunque también lo odio por habernos dejado solas a mi madre y a mí. Sí me da pena ver a mi madre llorando por las noches porque lo extraña, ella no se da cuenta de que yo la observo todas las noches. Esos son los únicos momentos en que me siento triste”. María Salomé rompe a llorar. Después de unos minutos, se limpia las lágrimas y me dice seria: yo soy una persona fuerte, no debo llorar. Entonces le digo que todos los seres humanos tenemos la capacidad de llorar y que es parte de nuestras emociones básicas el sentirnos tristes” 

La madre de María Salomé refiere que le dijeron que María Salomé tenía una Inteligencia superdotada cuando la niña tenía 6 años, y que entre los dos padres decidieron colocarla en un colegio “normal”, porque querían que se desenvolviera socialmente con los compañeros de su edad, pero además de sus clases a las que no prestaba atención, se ponía a leer libros de matemática y de física, que en todo momento la entusiasmaban. Sus compañeras no la integraban en sus grupos y a veces ella misma se automarginaba. No entiende las bromas de doble sentido. 

“Mi hija tiene su cuarto muy pulcro, todo ordenado y el piso reluciente. Sus zapatos los deja afuera cerca a la puerta y entra con medias, en todo momento está con un trapo limpiando sus cosas, los libros los ordena por tamaño en un anaquel y en otro anaquel por autores en orden alfabético. Todos sus libros son originales, nunca ha aceptado copias de libros ni siquiera las copias que dejan en el colegio, ella dice que es un delito fotocopiar y nos dice que le compremos el libro aunque solamente contenga unas cuantas páginas que le han enviado sus profesores. Ella dice que si no lo hace así, todo lo que ha pensado con semanas de anticipación se le va a desordenar en su cabeza y se va a volver una locura”. 

“Sucede que muchas veces los adultos no me entienden. Ellos desean que yo me comporte como una niña. Biológicamente tengo la edad de una niña, pero mi pensamiento está en otras cosas, no me interesa lo que juegan las niñas de mi edad, si veo que alguien maltrata a otra persona, pienso que estamos en la obligación de defender a quienes no están en condiciones de poder defenderse. Todavía no encuentro lógica en que estemos sentadas escuchando a alguien que repite y repite como una lora lo que dice en los libros y cuando le preguntamos sobre la cohesión de las moléculas del vidrio, por ejemplo, se pone a tartamudear y al final da explicaciones como Cantinflas. Y no solamente eso, algunos profesores no saben las edades de la tierra, ni las teorías sobre la existencia de la vida humana sobre la faz del planeta. Tampoco saben cómo está conformado nuestro planeta ni porqué se suceden las estaciones y hay calor en unas zonas y frío en otras zonas de la tierra en la misma época del año. Eso me parece que los profesores deberían saber.” 

“Desde que ha estado viniendo, ya he tenido menos quejas de las profesoras, está tomando medicación y recibiendo psicoterapia individual y de familia, y yo también la veo que está menos molesta, ya tiene amigas en su salón y está más interesada en realizar las tareas del colegio. Y desde que la vi inicialmente hasta la actualidad la he citado en cuatro oportunidades y le digo a la madre de María Salomé que la menor tiene varios diagnósticos: Depresión, Trastorno obsesivo compulsivo y la condición de Síndrome de Asperger”. 

Una de las cosas importantes es que han venido puntuales a las citas, no han faltado a ninguna de ellas, y que sigue el tratamiento como se le ha indicado. Y lo mejor de todo es, que vemos que está mejorando su conducta y su actitud, lo cual indica que tendrá un mejor pronóstico. 

David Arce 

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