Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someonePin on PinterestPrint this pageShare on Google+
Download PDF

Doña Victoria es una señora de 79 años de edad, que esta vez acude a la consulta con unas muletas y el pie izquierdo con una bota de yeso.

“Es que me tropecé con una alfombra y se me dobló el pie y se me han distendido los ligamentos del tobillo, menos mal que no me he fracturado el pie”.

Victoria es una mujer que acude una vez al mes, con el diagnóstico de depresión recurrente. Ha tenido doce hijos y la menor llamada también Victoria falleció a los 30 años, hace casi 10, víctima de un cáncer doloroso.

Y ahora me tienen de aquí para allá. Todos mis hijos se desentienden de mí, entre ellos han acordado que yo esté un mes con cada uno de ellos, pero parezco una mujer apestada, porque ninguna de las nueras me quiere. El mayor de mis hijos no vive en el Perú, se fue a Estados Unidos y me envía una platita para que sus demás hermanos me cuiden, pero yo de esa plata ni la huelo. Todos están como angurrientos preguntando cuándo llega el giro. Me han puesto una computadora para poder hablar con mi hijito que está lejos y cada vez que ni bien termino de hablar le preguntan qué cuándo va a mandar la platita.

Yo en realidad tengo mi casa por Magdalena, una casa grande de tres pisos, pero como casi no la puedo limpiar, uno de mis hijos menores, con el pretexto de que su mujer lo había botado de la casa, se vino a quedar en la mía, y poco a poco se fue prácticamente adueñando de la casa, hacía fiestas cuando él quería, sin importarle los vecinos, se quedaba hasta las tres de la madrugada, pero yo terca me quedaba mirando qué es lo que hacían los invitados, porque hay que cuidar las cosa que uno con tanto esfuerzo ha adquirido, ya se me han llevado varios cubiertos completos de plata y él dale que dale que me fuera a dormir, y bueno fuera que dejara la casa limpia, yo tenía que levantarme temprano a limpiar, y botar todas las botellas de cerveza vacías. Abría la refrigeradora y yo me quedaba llorando viendo que no había nada que comer. Todas las cosas se las habían comido, y a mí que me gusta cocinar para toda la semana, otra vez tenía que empezar de nuevo. Otra cosa hubiera sido si es que mi hijita Victoria todavía viviera. Mi hijo trajo una mujer de Iquitos diciendo que la pobre no tenía donde dormir y que iba a estar solamente por una semana, y ya han pasado varios años y sigue allí. Lo que yo no he permitido es que toquen el cuarto donde vivió mi hija Victoria.

Pero las desgracias no vienen solas, doctor, apenas falleció mi hijita, casi al año, me caí y me fracturé la cadera y estuve mucho tiempo en el hospital, después me dijeron que tenía que ponerme una prótesis de cadera y desde allí empezó mi calvario de andar como recogida en las casa de mis hijos, porque yo vivía en un tercer piso y mi hijo no podía estar cuidándome todo el tiempo. Una vez los escuché reunidos a todos y se pusieron de acuerdo que yo iba a andar rodando de casa en casa y me sentí muy mal, me puse a llorar solita en mi cuarto, atranqué la puerta y seguí llorando, ni les quería abrir, decían que era por mi bien, que así cuidarían de mí, que lo mejor sería que cada uno me tuviera en un cuarto de un primer piso.

Pero no sabe doctor lo que se siente de haber tenido casa para una sola, y haber criado tanto hijo, cada uno yéndose a vivir con sus mujeres y maridos, para luego me anden como pelota de aquí para allá. Menos mal que quedé bien de la cadera y después pude caminar, pero con esto de haberme luxado el tobillo me limita a hacer mis cosas por mi misma.

Una vez, hace casi un año, cuando regresé a mi casa, me di con la sorpresa de que mi hijo estaba arrumando las cosas del cuarto de mi hija Victoria con el pretexto de que me hacía mal verlo así, tal y como ella lo había dejado, ya lo quería pintar para alquilarlo o seguramente para que fuera a vivir una de sus mujeres, pero yo me desquicié y me puse como loca y lo grité, que ya bastaba que hicieran y deshicieran con mi vida, que y podía valerme por mi misma. Y ese

día me quedé en mi casa. Pero lamentablemente me he vuelto a luxar el pie, pero de mi casa ya no me mueve nadie.

La vez pasada le pedí mi tarjeta Multired donde recibo la pensión de mi esposo y tenía ahorrados 3500 soles, pero me decía que ya me la iba a dar, y nada. Me armé de valor y llamé a los bomberos y así en camilla me llevaron al banco y a mirar mi saldo solamente tenía cincuenta céntimos, al toque cancelé la tarjeta y me dieron otra. No le dije nada a mi hijo, pero no le hablé como un mes.

Ahora viene una chica a cuidarme todos los días, le pago su mensualidad y estoy más tranquila. Mis hijos vienen solamente de vez en cuando, ni para el día de la madre vienen, tampoco los espero, ellos vienen antes y dicen que van a pasar el día de la madre con sus familias.

Doctor, usted no sabe lo bien que me siento cuando vengo a verlo y poder contarle mis cosas que no se las puedo contar a nade. Las pastillas las sigo tomando todos los días. Tengo un papel que he puesto sobre la refrigeradora y que me recuerda cuándo tomarlas.

La ayudo a pararse y la chica que la cuida ingresa para llevarla a casa.

Deja tu Comentario

comments