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Raquel es una joven de 24 años, con tres hijos de padres diferentes y acude a la consulta con una madre que me pide entrar primero a la consulta. Aun cuando le digo que si la paciente es mayor de edad, puede entrar sola y decirme qué problema tiene, ella insiste en querer hablar a solas conmigo. Entonces le digo que primero hablaré con la paciente y luego le diré a Usted que pase para que me diga lo que me quiera decir.

Le pregunto a Raquel el motivo de la consulta y ella, con desdeño, me dice que no sabe para qué la ha traído su madre donde un psiquiatra, que no comprende las cosas porque ella no está loca. Le vuelvo a hacer varias preguntas y en resumidas cuentas, ella me dice que no tiene nada y que se siente bien así como está.

Le digo que al salir le diga a su madre que pase. La madre de Raquel, se asegura de cerrar bien la puerta y se dirige a mí susurrando. ¿Qué le ha dicho, doctor? Le respondo que me ha dicho que no está loca y que considera que no tiene problemas. ¿Así le ha dicho doctor?, por eso es que yo quería entrar primero y contarle todo lo que está sucediendo con ella.

Desde chiquita la hemos criado en colegios parroquiales y ella quería ser monja, todos los domingos íbamos a misa, ella rezaba arrodillada antes de dormir y sacaba las mejores notas de su salón y de todo el colegio. Hasta que nos mudamos a la casa que mi mamá nos había dejado por Renovación con La Católica. Ella tendría entonces 15 años y ya cursaba quinto de secundaria, hasta que se enamoró de un fumón. Yo no sé qué le vería a ese muchacho, porque andaba sucio y drogado. Todo nuestro mundo se vino abajo, casi la jalan y salió embarazada al fin de año.

Entonces la castigamos y no la dejamos salir hasta que dé a luz, no sabe la vergüenza que nos daba doctor, tuvimos que pagarle a una partera profesional para que la asistiera en la casa. El muchacho desapareció, no supimos nada hasta que una vez encontramos a nuestra hija llorando, leyendo un diario del mes anterior. Miramos la foto y vimos que se trataba del muchacho que la había embarazado y que había sido en un accidente de tránsito. Para qué, el bebito salió sanito y reilón, se ganaba al toque la confianza de los demás.

Entonces pensábamos que Raquel se iba a dedicar en cuerpo y alma a su hijito Aarón, pero cuando el niño cumplió el año de edad, apenas empezó a salir y andaba mirando a los muchachos. Una vez vino a tocar la puerta un muchacho que no era de este barrio, decía que vivía en Puerto Nuevo del Callao, entonces nos dio miedo y nos mudamos al Porvenir, pero de nada nos valió porque el muchacho volvió a rondar la casa, y por más que mi marido que es policía lo amenazaba y le decía que se fuera, el muchacho más a menudo se le veía. Parece que Raquel se veía a escondidas con él cuando llevaba a pasear a Aaroncito, y nosotros nos dábamos cuenta porque ella venía con ropa y zapatos nuevos, y varias latas de leche para Aarón. Le decíamos que no conocíamos al muchacho y que se cuidara. Ella no hizo caso y se embarazó por segunda vez, y el muy conchudo por más que lo botábamos, se iba quedando a dormir en la casa con ella, aduciendo que ya eran marido y mujer. Después nos enteramos que se estaba escondiendo de la policía porque se dedicada a ser tendero, robaba ropa y productos valiosos en las Tiendas de Apartamentos. Y eso que mi marido es policía no supo darse cuenta, justo antes de que naciera Moisés, vinieron un montón de policías y lo apresaron. Ella, acabada de parir, iba a visitarlo a la cárcel, hasta que una vez le dijeron que sufría de tuberculosis y que había muerto vomitando sangre.

Yo hasta ahora no comprendo cómo es que se consigue este tipo de parejas mi hijita Raquel, todos parecen cortados con la misma tijera. Todos son consumidores de drogas, saben manejar armas, y tienen líos con la justicia.

El tercero si era toda una joyita, no le importaba fumar delante de nosotros, contaba los fajos de billetes nuestro delante y llevaba armas grandes a guardar a la casa. Mi hija Raquel era muy celosa con este chico y entre los dos paraban peleándose a puñetazos y arañazos, ella no lo denunciaba por temor a que lo llevaran a la cárcel. Yo creo que ella también empezó a fumar droga. Para cuando mi nieto Salvador nació, a mi esposo se le calentó la cabeza y se fue con otra mujer, creo que tenía miedo de que lo implicaran con su nueva pareja de mi hija.

No sé si se habrá enterado que el año pasado hubo una persecución a unos delincuentes que portaban armas largas, allí iba la pareja de mi hija y lo acribillaron a balazos porque había matado a dos ancianitos para quitarles su dinero.

Yo le hablo a mi hijita, que ha sido criada con buenos valores, que se deje de ver hombres y que se dedique a sus tres hijos: Aarón el mayor va a cumplir ocho años, Moisés ya tiene 6 años y Salvador cuatro añitos. Yo creo que en parte soy el problema porque la sobreprotejo, me quedo a cuidar a sus hijos cuando ella sale a las fiestas, porque pienso que algo malo les puede pasar, que ella se va a hacer la desatendida y no los va a cuidar bien. Lo peor de todo es que me ha dicho que le gustan los hombres malos, cuando compra los periódicos, se pone a leer las páginas policiales, se aprende los nombres de los delincuentes y luego ella les envía mensajes por el Facebook para ser su amiga.

Finalmente le digo a la madre, que ella también necesita ayuda, que es necesario que Raquel se haga consciente de que tiene dificultades en sus relaciones de pareja y consigo misma para iniciar tratamiento, que es necesario que el pedido de ayuda provenga de ella. Es muy difícil tratar a las personas que no quieren ser ayudadas. Luego les digo a las dos, que no les doy una cita con fecha fija, sino que dejo la cita abierta, que cuando lo crean necesario, me la soliciten.

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