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Hace poco, en Chulucanas, tuve un paciente de 18 años de edad que recién iba a votar por primera vez y que estaba angustiado por los sucesos electorales. Decía que estaba decepcionado por casi todos los candidatos presidenciales y los congresales. Decía que la mayoría había realizado alianzas disparatadas nunca antes pensadas y que según él, pensaba que todo lo que iban a gastar en las elecciones, después nos lo iban a cobrar con creces. Y creo que tiene razón.

Estamos viendo varias realidades. Una de ellas, la mayoritaria controlada por los medios masivos de comunicación y que solamente enfocan a los candidatos que algunas encuestadoras amañadas han colocado desde tiempos anteriores, dentro de los primeros lugares. Otra realidad, la que podríamos llamar “virtual”, es la de las Redes Sociales, que todavía no está totalmente controlada por los “poderes del Estado o los poderes económicos”, que filtra otra información que está vedada para aquellos que no tienen electricidad, ni Internet, y que constituyen una gran mayoría de peruanos.

Lo más angustiante de todo es que parecería que no tuviéramos salida en este proceso electoral. La mayoría de peruanos tenemos la percepción de que aquellos que aparecen primeros en las encuestas no nos representan. Que la mayoría de ellos han cometido actos delictivos que por obra y gracia del poder judicial, de las leyes, o del paso del tiempo, no han sido “probados” y nunca han sido sentenciados.

Si entre las planchas presidenciales tenemos en común que muchos de los candidatos mienten, dicen una cosa y luego dicen que no dijeron; dicen, se desdicen y contradicen, prometen y no cumplen con lo prometido; entre las listas congresales también estamos condenados a “elegir” a aquellos que ya tuvieron roles en este gobierno que culmina o en los anteriores, por el simple hecho de que van en los primeros lugares de sus listas.

Muchos de aquellos han sido llamados por la prensa “robavoto”, “comepollo, “lavapiés”, “planchacamisas”, “robacable”, “mataperro”, “narcocongresista”, etc. nuevamente están participando en la contienda electoral. Y al parecer muchos de ellos han sido exculpados por un Poder Judicial que el peruano de a pie piensa que está parcializado, que no es confiable.

Revisando los Planes de Gobierno de los 18 candidatos a la Presidencia de la República, muy pocos de ellos hablan de la Salud Mental.

Y en la vida cotidiana muy fácilmente nos damos cuenta que nuestra Salud Mental depende mucho de nuestros valores, de aquellos que nos han sido inculcados desde pequeños por aquellos que nos criaron. Que más vale un acto que mil palabras.

La corrupción ha corroído los cimientos de nuestra sociedad, ha manchado la imagen que teníamos de aquellas personas que en antaño confiábamos. El vale todo en la política ha desplazado a la honorabilidad, al compromiso por el ser humano que somos. Vemos pasivamente cómo los candidatos humillan al prójimo dándole dádivas o lo que creen que ellos necesitan para así obtener mayores ganancias. Vemos también a algunos aplaudir estos hechos diciendo: ¡Qué vivos! ¡Se pasan de listos!

Cuando escuchamos decir a los candidatos que están comprometidos con el Desarrollo del país y nos damos cuenta que su noción de Desarrollo se reduce a más cemento, a más explotación indiscriminada de nuestros recursos naturales, a “crecimiento económico”, dejando de lado el desarrollo integral del ser humano, el respeto a la dignidad humana en todas sus dimensiones, la construcción de valores dando el ejemplo con los actos; pensamos que algo no va bien, que algo malo está sucediendo en nuestro país.

Para el ciudadano común y corriente, para la mayoría de compatriotas que construyen nuestro país trabajando largas jornadas diarias, les es muy difícil leer y conocer las propuestas de cada candidato para escoger al mejor, al que tiene valores, al que sus acciones concuerdan con lo que dice.

Sería ideal establecer los mecanismos de fiscalización y sanción para los que dictan falsas promesas, creo que por ahora lo más conveniente es sancionar a los que incumplieron y nos engañaron, dejando de votar por ellos. Tomar conciencia que las promesas que no cuentan con bases reales nunca serán cumplidas.

Para finalizar, cito una frase atribuida al novelista inglés Aldous Huxley: “La política no es una religión. Los proyectos políticos no son una religión en la que deba creerse ciegamente, sólo por fe. Hay que auditarlas, vigilarlas, seguirlas de cerca porque están hechas por hombres corruptibles, que pueden equivocarse o aprovecharse de su posición. Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje”.

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