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El último vals (Duelo patológico)

María Cecilia Ruiz de Somocurcio Bustamante y Rivero es una mujer de 38 años que se vuelve una niña al recordar cómo murió su padre en plena celebración de sus quince años. “Nosotros somos de una buena familia, teníamos grandes cantidades de tierras donde cultivábamos todo tipo de alimentos y teníamos tantas vacas, que mi mamá decía que aun siendo bastantes, cada una respondía a un nombre diferente y venia cuando las llamaban. Pero llegó el gobierno de Velasco y nos quitó todo, mi madre apenas tuvo tiempo de guardar algunas cosas de valor de la familia, nos fuimos a Lima y después hemos regresado y ahora solamente tenemos unas pequeñas propiedades en Arequipa y una parcela en la Campiña de Sabandía. Me acuerdo como si fuera ayer, que yo estaba muy ilusionada con la fiesta, mis tías me habían traído hermosos vestidos para la fiesta y mi padre no descansaba en hacerme cumplido.

Todas las mesas estaban adornadas con flores de verdad, por todos lados habían adornos de todo tipo, todo estaba muy bonito y reluciente aquel día. Muchas mujeres preparaban los mejores potajes de la región en la cocina riendo y conversando entre ellas. Yo vivía un sueño” “Hasta que empezaron a tocar el vals de aniversario y yo bajaba las escaleras como entre nubes y mi padre me esperaba abajo para bailar conmigo.

La orquesta empezó a tocar y yo daba vueltas y vueltas al compás que marcaba mi papá. Él era muy trabajador, pero se daba tiempo para jugar conmigo, me enseñó a montar caballo, me compraba los sombreros más bonitos que había en el mundo, y me matriculó en clases de piano y de inglés. Me llevaba de viaje a varios sitios, junto con mi madre. Mis hermanos varones se quedaban cuidando las casas. Una vez nos llevaron a Piura a conocer las Haciendas antiguas que también fueron abandonadas con la Reforma Agraria.

Mi madre me contó que conoció al dueño de la hacienda Talandracas.” “Y cuando terminé de bailar el vals de aniversario y me tocaba bailar con mi hermano, escuché un ruido seco, como el de un tronco de un árbol que se cae, y el grito de mi madre que taladraba mis oídos, entonces sentí una opresión en el pecho y no quería mirar atrás, pero cuando lo hice, vi a mi padre tirado en el piso y la gente alrededor dándole los primeros auxilios, pero ya nadie pudo hacer nada por él, había muerto de un ataque al corazón.

Ese año fue fatal para mí, permanecía todo el día llorando, no quería salir de la casa, todo me daba igual, nada me entretenía, mi rendimiento escolar se resintió, no le encontraba el gusto a las comidas, podía quedarme despierta toda la noche solamente pensando y dejé de estudiar por un par de años. Por un tiempo me sentí culpable, y a veces todavía pienso que fue por mi culpa que murió, que se puso muy contento por mis quince años y realizó mucho esfuerzo al bailar. Hasta pasó por mi mente la idea de no existir sobre la tierra.

Desde ese entonces todos mis cumpleaños ya no son lo mismo. Son los días más tristes de mi vida”. “Él me llevaba y me recogía en su carro todos los días. Nunca faltó a recogerme, me daba la impresión de que estaba en todas partes.” “Nosotros somos una familia muy religiosa, y cuando me casé por civil y religioso, solamente hicimos una pequeña recepción después de la ceremonia. Hasta ahora me pongo a llorar cuando escucho el vals de aniversario. Mi matrimonio no me fue bien. Creo que en el fondo quería que mi esposo se comportara como mi padre, creo que lo llegué a cansar y se buscó otra mujer. Ahora estamos separados, con dos hijos. Él solamente viene a ver a los chicos y a salir con ellos. Yo sigo teniendo ganas de nada. Ni de viajar a Lima.” “Mi madre todavía me acompaña, pero a ella ya se le pasó, ahora tiene nuevo compromiso, no la juzgo, pero creo que debería haberle guardado luto para toda la vida a mi papá. Nos llevamos bien.”

Estas etapas de depresión me vienen cuando los problemas económicos de las empresas se acrecientan o cuando tenemos problemas con mi esposo, es en esos momentos en que parece que todo reviviera a cuando yo cumplí quince años.” Entonces, le explico que es necesario, aparte de la medicación, que busque ayude ayuda psicoterapeuta, que no todo el cambio es gracias a la medicación, si no que ella requiere entrar a psicoterapia, aunque le dé mucho miedo enfrentarse a sus fantasmas. Espero que para la próxima consulta se encuentre mucho mejor. Yo tengo la esperanza de que así será.

David Arce

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