Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someonePin on PinterestPrint this pageShare on Google+
Download PDF

 

“Mi marido se puso como loco cuando se activó la quebrada que viene por Vicús, dicen que se unen tres quebradas, y una de ellas venía aumentando al llegar a la casa. Poco a poco el agua iba aumentando y parecía que de un momento a otro el agua iba a alcanzar la casa de adobe que habíamos construido hacía poco con mucho esfuerzo, el resto de la casa es de puras varitas como son aquí en el campo, por allí tenemos nuestros animalitos, chivitos, gallinitas, patitos, decía Rosa Guadalupe moviendo las manos. Se puso como loco y no sabía qué hacer, corría de un lado a otro, desesperado, hasta que se acordó que en el sobretecho del cuarto habíamos guardado varias talegas negras de esas que usamos para apañar algodón, y sacó un pico y una palana y se fue bajo la lluvia a llenar de greda todos los sacos que teníamos y venía corriendo con el saco al hombro y lo colocaba protegiendo la pared de adobe, no le miento que en tres horas habrá llenado como treinta sacos de greda, claro que yo le ayudé un poquito, y ese día todo estaba extraño, cantaba el chilalo y dicen que cuando canta el chilalo ya no va a llover, empiezan a cantar las chicharras y también dicen que las aguas van a parar, pero parece que con su canto llamaban más agua, en nuestro lado llovía fuerte, con gotas gruesas, y pal lado de Piura, se veía el sol, mis hijos decían que a lo lejos se podía ver el arcoíris, pero yo no quise ver nada, ellos querían que fuéramos para encontrar la olleta de oro, pero esas cosas ya no creo. Cuando mi marido terminó de reforzar la casa, como que quiso acostarse sobre la muralla
de sacos que había armado, pero allí no más vino un estruendo que parecía que se rompía el cielo sobre nuestras cabezas, daba la impresión que la tronazón venía aplastando las tejas de las casas, creo que si alzaba la mano podría tocar el trueno que pasaba por encima, entonces el José miró la quebrada que seguía subiendo y con ojos asustados en la oscuridad me dijo, coge a los churres y vámonos a esa loma que parece que la quebrada se va a salir de su cauce y se va a llevar la casa, uno de mis churres cogió un perro, el otro un chivito de leche y la otra uno de los pollos, y con eso no más nos hemos quedado doctor. Desde la cima de la loma, vimos cómo el agua empujaba los sacos de greda, aumentaba sobre la casa, remojaba los adobes nuevos y poco a poco iban cayendo nuestras paredes, y las tejas se desmoronaban y convertían en callanas. Antes de subir, el José abrió la puerta del corral para que salieran los animales, pero, solamente un par de chivos se salvaron, los demás animalitos fueron ahogados por las aguas turbias de las quebradas, hasta dónde llegarán estas aguas, de seguro que va al río. Ni siquiera el coche se salvó, todo lo perdimos doctor, ahora estamos de arrimados, como forasteros en la casa de los padres de José, que ni cómoda me encuentro, no puedo hacer nada, ni siquiera puedo moverme como en mi casa. Y desde esa época el José se ha quedado medio extraño, con mirada vaga, fue la única vez que lo vi llorar, él que es un hombre fuerte y seco como el algarrobo. Creo que en el fondo tiene vergüenza de no habernos defendido de las aguas, y que de lo poco que teníamos, llegamos a no tener nada. Su mamá vino a vernos y a decirnos que nos daría posada en su casa, pero usted sabe doctor, que las visitas son como los muertos, a los tres días ya empiezan a apestar, y mi suegra ya reclamando que mis hijos tomaban mucha leche, entonces les dije que solamente tomarían yupisín, porque eso si nos ha dejado los algarrobos. Para no escuchar a su madre renegar, mi marido salía temprano a buscar trabajo allá en las chacras a ayudar aunque seya a desyerbar y regresa más flaco ya al caer la tarde para dormir y quedarse mudo. Él no ha querido venir a la consulta, yo tengo mucho miedo, pero como conozco a mi marido yo sé

que tiene más miedo que yo. Yo vendo mis yuquitas y camotitos y a veces unas naranjitas en el mercado, pero como también se inundó con las lluvias, la gente casi ni va. Cuando estamos juntos en la casa de su madre, yo sé que él no duerme, me agarra fuerte la mano y yo le digo al oído que de esta vamos a salir, que de peores situaciones hemos salido y le recuerdo cuando no teníamos plata para la medicina de nuestro primer churre el Josécito, ardía en fiebres, le colocábamos agua de timolina en la frente, pencas de sábila en los sobacos, le hicimos una promesa al negrito Cautivito de Ayabaca y santo remedio, se nos mejoró el churre que parecía que se nos iba a chilalear allí nomás. Peores cosas hemos pasado, peores, y esta no va a ser la última. Así que a la mañana siguiente cuando él se iba a trabajar, nos fuimos todos con él, a ver nuestra casa derrumbada y qué se podía arreglar, nos pusimos a armar una cerca con los palos que encontramos, colgamos unas hamacas, colocamos plásticos para protegernos de la lluvia y allí estamos doctor, pasándola, pobres y sin nada, pero con nosotros mismos, como una familia junta, sin naides que nos reclame ni diga nada. Ahora se me ha dado por poner un tambito donde vender mi chichita y piqueos, muchos hortelanos pasan por aquí. Del susto que tuvimos me queda como un vacío en el pecho, como si mi corazón no latiera. A veces se me quita el sueño pero me tomo las pastillitas que me ha recetado y duermo bien. Solamente nos faltan repelentes, deben ser zancudos nuevos, porque los de antes ya no nos picaban, nos desconocen estos desgraciaus. Mis hijitos, gracias a Dios están sanitos, un poco que se asustan con los truenos, pero lo bueno es que están bien, allí se ponen a quitar la mala hierba, a hacer barquitos de papel, a juntar agua de lluvia para tomar”

Escucho con atención a Rosa Guadalupe y parece que toda su vida entera transcurriera ante mis ojos, me da mucha pena sus desgracias, pero tengo la convicción de que sabrá sobreponerse ante esta y otras tantas adversidades.

Deja tu Comentario

comments