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Dificultades para el tratamiento

Don Melquiades es un señor que vive solo en un departamento. Hace tres años vivía con su madre que falleció de cáncer al estómago. Es el mayor de seis hermanos que lo visitan con regularidad, tiene 68 años.

Una de las hermanas menores acude por ayuda preguntando qué puede hacer porque los vecinos del Edificio de departamentos los llaman a cada rato, llaman a Serenazgo y también le han entablado denuncias en la Comisaría.

Los vecinos dicen que no duerme durante la noche y que sube y baja las escaleras revisando sus conexiones de luz eléctrica. Él está completamente convencido de que los vecinos del piso superior y del inferior le están robando la luz eléctrica, que el vecino de abajo tiene una lavandería clandestina donde lava ropa a la calle especialmente e horas de la noche, y que el vecino de arriba tiene una imprenta que hace funcionar solamente durante las noches. Ha probado cortando la luz en las escaleras metiendo palitos de fósforos en los interruptores de cada piso, ha cortado los cables, y prácticamente no tienen luz eléctrica en las escaleras.

También baja a revisar las cajas de luz y se pasa toda la noche viendo cómo es que corren los indicadores de la energía eléctrica.

Está convencido de que le roban energía eléctrica, ha gritado a sus vecinos y estos le han demostrado mediante sus recibos que él como persona sola, está pagando muchísimo menos que los demás departamentos, aún así, él los ha denunciado ante el Serenazgo y la comisaría. También han venido los trabajadores de la Empresa de energía eléctrica y le han demostrado que no le están robando electricidad, que todo está funcionando en forma regular. Pero él sigue convencido de que le están robando energía eléctrica y ahora está mencionando que la vecina de al frente es una bruja que tiene un prostíbulo clandestino.

Una de sus hermanas menores me llama preocupada por las actitudes que está tomando el hermano mayor desde hace tres meses aproximadamente. También le ha mostrado los análisis y tomografías que le ha tomado el neurólogo porque le dolía la cabeza cuando se enteró que la vecina de enfrente era una bruja.

Él le había tocado la puerta muy molesto para reclamarle sobre el prostíbulo clandestino, y dijo que se quedó pálido cuando vio en la sala que tenía una calavera y una vela alumbrando a la Santa Muerte. Desde ese día fue enflaqueciendo convencido de que la vecina de enfrente era bruja.

Empezó a cerrar sus habitaciones, encontró polvo de huesos de muerto junto a las ventanas de su cuarto y decidió ya nunca más dormir en su dormitorio, porque eso lo estaba secando. Los familiares asustados me piden que lo vaya a ver a su domicilio, pero que por favor no le diga que usted es psiquiatra, porque no los puede ver. Dice que los psiquiatras son solamente para locos.

Aunque tiene otras habitaciones, poco a poco ha ido reduciendo su lugar de estancia en su departamento hasta quedarse a dormir en los muebles de la sala que están cubiertos con un plástico grueso porque él piensa que también están contaminados.

Ha realizado varias tiras de tela para colocar en las fisuras de las ventanas y en las puertas para que no entre el polvo de muerto ni los olores de la hechicera. Dice que tiene ganas de hacer justicia con sus propias manos, que ha hecho muchas denuncias y nadie le hace caso.

Les digo a los familiares que es muy probable de que se trate de un Trastorno de ideas delirantes y que es necesario de que sea tratado por un psiquiatra y realizarles los análisis necesarios para descartar alguna enfermedad de origen orgánico, como tumores o parásitos cerebrales. También les digo que es necesario empezar con la medicación, a lo que ellos arguyen de que es imposible darle algo a su hermano porque de todos desconfía, no quiere

que vengan sus hermanas a cocinarle, sale al supermercado más cercano a comprar comida precocida y eso es lo que come. No recibe ni un vaso con agua y menos va a querer tomar pastillas cuando dice que los demás son los que están mal y él es el único que está bien.

Entonces les planteo a los hermanos sobre la probabilidad de realizar una Interdicción temporal para que la intervención de la fiscalía ordene su tratamiento en contra de su voluntad e inclusive, pueda recibir tratamiento hospitalizado.

El trastorno de ideas delirantes es una de las entidades más difíciles de tratar y de poca adherencia al tratamiento.

Esperemos que la familia se anime a juntarse para tratar al hermano mayor y así pueda empezar su mejoría.

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