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No podrá creer doctor, que a veces, se me cruzan pensamientos de que sería mejor que mi hijito estuviera muerto en vez de que esté vivo, — dice el padre angustiado ante la imposibilidad de poder controlar la autoagresión que a cada momento se autoinflige el niño de 09 años.

Después de un rato viene apurada la madre y me dice que le está dando la medicación así como se le ha indicado, pero aunque la agresión del niño ha disminuido, todavía no está compensado: se golpea la cabeza contra la pared, tiene muchos chichones y algunas veces se hace heridas con abundante sangre. Cuando le sostienen la cabeza, empieza a golpearse con las manos realizándose varios moretones en los pómulos y en la cara. Cuando le logran sostener ambas manos el niño empieza a dar gritos muy agudos como si le estuvieran torturando. La familia vive en un tercer piso de departamentos y los vecinos reclaman ante tanto grito que no les permite descansar.

Una de las cosas que le digo al padre, que revisando la historia clínica de su hijo, verifico, que no son regulares en la consulta, que apenas mejora un poco, dejan de traerlo a sus controles y que por la condición del niño, son situaciones que cambian de un momento a otro de acuerdo a la dinámica familiar.

La asistencia de esta familia se da en forma irregular, solamente acuden a consulta, cuando algo descompensa la conducta de su niño.

Y justamente, veo que el siguiente paciente que está esperando es un niño que inicialmente estaba peor y que ahora se maneja en forma adecuada. Llamo al padre y le pregunto delante de ambos padres cómo es que mejoró su niño: Y el padre, entornando los ojos, les dice, era terrible, se golpeaba la cabeza tan fuerte que tenía varias cicatrices en el cuero cabelludo, llegaron a denunciarnos por maltrato familiar, la Fiscalía vino a mi casa, las citaciones iban y venían, los vecinos nos denunciaron sin tener conocimiento de lo que tenía mi hijito, pero gracias al doctor y a las consultas, encontramos la medicación adecuada. Mi hijo también llegó a convulsionar. Se golpeaba la cara con los puños y parecía no sentir dolor, entonces alguien nos recomendó que usara unas bachas, que como resultaron caras, yo mismo conseguí los materiales, las lonas y los fierros y se los adapté a sus brazos, eso impidió que mi hijito doblara los brazos y se golpeara la cara o la cabeza. También nos recomendaron que usara un casco para que no se golpeara la cabeza y al comienzo fue un poco difícil que se acostumbrara al casco, y usamos varios tipos de cascos, desde los que tienen los motociclistas, hasta los usados por los operarios de construcción y al final el que le hizo mejor fue un caso para ciclistas. Fue muy difícil, encontrar la medicación adecuada para mi hijo y gracias a Dios, que ahora está tranquilo y se maneja bien, aunque hubo un año en que se descompensó un poco en que lo cambiamos de colegio y fue como si retrocediera, volvió a ser el mismo de antes, volvió a golpearse, y nuevamente fue un nuevo recomenzar. Actualmente ahora mi hijo está sentado tranquilo esperando su consulta. Le agradezco el testimonio al padre y me vuelvo a quedar con los padres de la consulta.

Les digo que los veré en forma semanal, hasta encontrar una medicación y dosis adecuada para el niño y se miran entre sí, diciendo, que les es difícil venir cada semana porque los dos trabajan y les es difícil acudir una vez a la semana para ser atendidos y prefieren que les otorgue una cita para dentro de tres meses.

Les vuelvo a explicar que su niño requiere ser visto cada corto tiempo para llegar a la compensación y luego, cuando ya esté compensado, recién le podremos dar citas largas. Un poco como de mala gana, aceptan la cita adicional, y antes de irse, me dicen, “pero nos atiende primero, doctor, es que paramos apurados”. Les explico que yo atiendo de acuerdo a la hora de

la cita, pero que en la situación en que un paciente faltara a la consulta, que no duden en que les daré la prioridad necesaria para atender al niño que se le ve con la cara con varios moretones y hematomas en la cara y cuero cabelludo.

También aprovecho en darles citas para Terapia de padres y que vayan con los padres de ASPAU, donde encontrarán el apoyo necesario para aceptar la condición de su hijo. Además de que la Asistenta Social les realice una Visita domiciliaria y laboral.

De todas maneras guardo la esperanza de que el niño mejore a medida de que los padres mejoren.

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