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TIEMPO DE HABLAR (conociendo la verdadera historia de la cerámica de Chulucanas)

A propósito de un proyecto de ley presentado por el congresista Lucho López, quién propuso que la cerámica de La Encantada sea declarada como patrimonio cultural de la nación, me permito escribir esta nota con el fin de que pueda ayudar a quiénes les interesa conocer la verdadera historia de la que hoy conocemos como la cerámica de Chulucanas.

Humildemente, creo que más de cuarenta años trabajando y modelando el barro como ceramista y artista es tiempo y experiencia suficiente para ser considerado unos de los pioneros de este arte. Es por eso por lo que me atrevo a decir que tengo la autoridad suficiente para hablar con libertad, verdad, justicia y derecho de conocimiento.

En ese sentido, agradezco todo el interés que puedan manifestar las personas y los políticos hacia los artesanos y toda la buena voluntad que tengan de ayudarlos. Sin embargo, hay maneras de ayudar. Quisiera saludar y felicitar la hidalguía de mi amado pueblo de La Encantada de no aceptar un proyecto que no contaba con la aprobación de los hermanos artesanos y ceramistas de Chulucanas.

Yo recomiendo a todo aquel que tenga la iniciativa y el interés de ayudar y atender la realidad de la cerámica de Chulucanas que primero, por respeto y para asegurar que su ayuda sea efectiva, se dirijan a las fuentes existentes para indagar e investigar cómo, cuándo, dónde y quiénes realmente fueron y son los verdaderos protagonistas de esta extraordinaria labor de hacer del barro una obra de arte.

Considero que los primeros y verdaderos protagonistas de la historia de la cerámica de Chulucanas son los maestros José Luis Yamunaque, Gerasimo Sosa, Máximo Inga y Polo Ramírez, quien escribe esta nota. Tengo grandes recuerdos del maestro y amigo Máximo Inga, a quien conocí siendo primero un extraordinario maestro del mate burilado y que con su habilidad manual aprendería después a modelar el barro.

Me despido respetuosamente esperando sus opiniones e inquietudes propias de la búsqueda del conocimiento y la valoración de nuestra identidad cultural.

Atentamente

Polo Ramírez

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