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david arcePiedad es una mujer de 40 años que conocí hace nueve años en el Hospital Rebagliati durante las Terapias de Grupo para Padres de niños que sufrían cáncer.

En ese tiempo Piedad tenía tres hijos varones: Willington de 16 años, Warton de 14 años, y Willy de12 años.

Warton el segundo de los hermanos tenía tumores cancerígenos metastásicos en el cerebro y su estado de salud era bastante delicado. Piedad venía de la Selva y se quedaba a dormir en los pasillos del hospital, al igual que otros padres que venían de provincia y no tenían dónde quedarse durante el tratamiento de sus hijos. Me he enterado que actualmente ya no se quedan allí y que ahora les alquilan un  hostal para que descansen.

A las Terapias de Grupo asistían madres y padres cuyos hijos tenían diferentes tipos de cánceres: a los huesos, a los músculos, a los pulmones, leucemias, etc. Muchos se resistían a creer que era necesaria la amputación en algunos casos, hasta que poco a poco, ayudados por el grupo iban conociendo la enfermedad, sus consecuencias y su tratamiento.

Los grupos eran generalmente de 10 a 12 padres y, algunos, cuyos hijos ya habían sido dados de alta, seguían asistiendo para ayudar a hacer más llevadero el proceso de aceptación de la enfermedad. Al comienzo los padres no querían aceptar que sus propios hijos tenían cáncer. Algunos pensaban que el cáncer era una enfermedad exclusiva de adultos. Poco a poco iban conociendo la enfermedad, su evolución, su pronóstico y su tratamiento. Los niños recibían visitas de payasos que los entretenían con sus bromas y cuando había alguna fecha memorable los niños participaban disfrazándose de acuerdo a la ocasión. Y el personal se esforzaba para hacer más llevadero el sufrimiento dentro de todas las medidas de seguridad.

Piedad era una de esas madres que ya habían asistido al curandero, habían probado muchas medicinas alternativas, desde la urinoterapia hasta comer gorgojos vivos.

El proceso de Warton no duró mucho tiempo. Piedad estuvo a su lado cuando el joven falleció, pero no quiso participar de la reunión de despedida de Warton, que solíamos hacer cuando alguien fallecía y nos reuníamos todos tomados de la mano alrededor de una vela encendida, sin decir nada.

Algunos especialistas dicen que el Duelo dura normalmente entre 2 a tres meses, pero yo creo que también depende de la cultura de las personas y en algunas ocasiones puede durar más tiempo. En Chulucanas, por ejemplo, es una costumbre guardar luto durante un año. Antiguamente cerraban las puertas y ventanas de las casas en señal de luto.

El duelo es una reacción normal ante la pérdida de un ser querido. Es una tristeza profunda que en la gran mayoría de los casos no requiere medicación. La tristeza es una emoción básica y normal de los seres humanos. En nuestra tierra, tenemos nuestro tiempo para recordar a nuestros difuntos, como se hace en muchos lugares del mundo: el 1 y 2 de noviembre, Día de Todos los Santos y Día de los Muertos, donde mucha gente acude de diferentes partes para velar y coronar a sus muertos. En el Alto Piura es una fiesta ancestral.

El duelo se puede convertir en enfermedad cuando esta profunda tristeza demora más allá de los tiempos estipulados de acuerdo a la cultura de los pueblos.

Supe que Piedad estuvo hospitalizada varias veces en los últimos años y la última vez que la vi, seguía como el primer día que Warton falleció, o quizás peor. Me contó que mantiene el cuarto del joven tal y como lo dejó, su ropa, sus cuadernos, sus juguetes, y que en el fondo de su corazón alberga la secreta esperanza de que algún día regrese, así de repente, diciéndole: Hola mamá.

Me contó que se separó de su esposo y que los otros hijos ya están acompañados, con hijos y que el segundo no terminó la secundaria. Ambos tuvieron problemas de conducta y llegaron hasta a delinquir.

En el proceso del Duelo, al pasar el tiempo, no significa que nos olvidamos de nuestros seres queridos, sucede simplemente que los seguimos recordando y que los extrañamos, pero el dolor que sentimos ya no es tan intenso como era al inicio, y nos reconfortamos recordando las cosas agradables que compartimos con ellos.

Por el bienestar de Piedad, espero, de todo corazón, que encuentre la ayuda necesaria para terminar con tanto sufrimiento y encuentre la paz que requiere su alma.

©David Arce

 

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